Ότι δεν με σκοτώνει με κάνει πιο δυνατό


domingo, 27 de octubre de 2013

Las Nuevas Tecnologías en las Humanidades: ¿El fin de la "alta cultura"?





© Tom Gauld




El tiempo pasa rápido. Lo sabemos. Especialmente se percibe en el campo de las Nuevas Tecnologías sobre todo para quienes pertenecemos a la llamada Galaxia Gutenberg tal como la define McLuhan, es decir, el periodo de hegemonía de la letra impresa; quizás por ello algunos hemos sido un tanto reacios a esta nueva Galaxia Internet, un mundo digital y virtual que intenta gobernar nuestro mundo "real" que diría Castells. 

La tecnología influye decisivamente en nuestra sociedad, economía, cultura y también en nosotros. Lo importante es saber cómo utilizarla en nuestro campo profesional porque de ello podemos obtener notables beneficios. En cuanto a su aplicación en la labor docente coincido con el profesor Javier Valera Bernal en que el uso de las Nuevas Tecnologías en las Humanidades principalmente de Internet y de las redes tiene que plantearse desde tres claves: controlar, acotar y mediar. Esto es, debemos guiar las búsquedas, seleccionar la información existente en la red que sirva para nuestro objetivo educativo  y mediar, nunca ser espectadores en el proceso sino formar un triunvirato que lleve a buen puerto el fin que deseamos alcanzar.

Pero más allá de estos planteamientos profesionales me surge una pregunta esencial, ¿Qué futuro espera a las Humanidades en esta nueva edad que Castells denomina Galaxia Internet? Es evidente que estamos perdiendo la base formativa sobre las disciplinas humanísticas y lamentablemente asistimos a una devaluación y menosprecio de estos conocimientos, consecuencia lógica de una sociedad donde prima la producción económica frente al fomento de la cultura y la educación.

¿Supondrá esta Galaxia Internet el fin del libro y terminará con el propio proceso creativo? ¿Este desarrollo de las N. T. y la superabundancia de información no están fomentando, paradójicamente, una desculturización generalizada, incluso me atrevería a decir cierta deshumanización que nos lleva a solidarizarnos con un habitante de una telecalle virtual mientras desconocemos y somos indiferentes con nuestro vecino real? Es un tema  francamente apasionante y el tiempo marcará el destino. Sin duda la postura más sensata me parece la del justo medio. Vemos que siempre, en todo, subyace la cultura grecolatina, la que fundamenta nuestra propia civilización como tan certeramente apuntó Joaquín Jareño al que cito porque me parece que ha dado en el quid de la cuestión al hablar de nuestra sociedad de la abundancia de medios y carencia de fines, una realidad vista desde el campo de las Humanidades.

Recuperando mi idea del justo medio considero que ni neoluditas ni tecnófilos. Ni adorar las nuevas tecnologías como un nuevo dorado, panacea de todos los sumun, ni entenderlas como un oscuro enemigo que se ha infiltrado en nuestro cosmos humanista para aniquilarlo; ya Platón en su Fedro nos advierte del miedo que sintió el rey Thamus cuando Theuth le presentó su invento (la escritura) como un fármaco de la memoria y de la sabiduría a lo que el rey le replicó que solo produciría olvido en las almas de quienes lo aprendiesen puesto que al descuidar la memoria fiándose de lo escrito llegaría al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde ellos y por ellos mismos. Recelos, miedos frente a lo nuevo, lo desconocido, lo que a veces produce vértigo.

Por lo tanto ni apocalípticos ni integrados que diría Umberto Eco.


Ocupada esta semana en estos asuntos, nada triviales, me encuentro ayer el artículo de Luis Antonio de Villena donde reflexiona sobre la cultura en el sentido que tradicionalmente la hemos entendido y plantea la siguiente interrogante, ¿está la alta cultura tocada de muerte? ¿Qué papel juegan en ello las nuevas tecnologías? Transcribo su texto y que cada uno extraiga sus propias conclusiones. 


"Algunos pedirían saber de entrada qué es lo que distingue a la llamada “alta cultura” de la otra o popular, a su vez con muchos grados y modalidades. Tratemos de empezar fácil: “Alta cultura” es la cultura que procede de unas Universidades buenas o que tiene un nivel parigual. “Alta cultura” es la de la persona que tiene estudios superiores y sabe que no se puede dejar de aprender, y busca aumentar sus conocimientos y su inteligencia, porque entiende asimismo que la cultura es un trabajo pero, a la par, un placer. La persona ilustrada. Hablaré de la cultura del libro, pero la cultura de la imagen (artes plásticas, cine) está, en verdad, muy estrechamente ligada. La mayoría cree, en este momento, que la “alta cultura” está tocada de muerte. Conste, que al hablar de libros no hablo de su soporte (papel o electrónica) sino del hecho mismo de leer, y de buscar intelecto y calidad, porque no existe otro modo de avance…
España (poseedora de una gran tradición de creación de cultura) ha sido secularmente deficitaria en el consumo de esta, bien por la pobreza del país –que conlleva incultura- bien por las prohibiciones eclesiásticas o gubernamentales hacia cuanto fuera heterodoxo o nuevo. Una larga serie de malos planes de estudio (Wert es sólo el último eslabón) hace que nuestros jóvenes –sálvense siempre las minorías pertinentes- cuenten entre los peor preparados de Europa y entre los que menos leen. Yo no era franquista en absoluto y detesté al dictador. Pero he de decir (con pena) que cuando terminé el bachillerato en 1968 sabía bastante más que muchos de los que hoy terminan una carrera universitaria. El Gobierno ayuda poco, y en una España deficitaria en cultura (entiéndase “alta”) el Gobierno debiera ayudar. El IVA del 21% es señal de catástrofe. Preocupadas ante todo por el dinero y no por la calidad del producto, muchas editoriales de antiguo y prestigioso nombre se han lanzado a la carrera del “bestsellerismo” de baratura (novelas planas en estilo de teletipo o libros de periodismo hodierno a menudo con personajes de la telebasura) haciendo que bastantes escritores notables, que buscan literatura culta, con saberes y miras altas, tengan dificultades para publicar. Hace días supe que una de las más clásicas, antiguas y meritorias editoriales del país, proclamaba que el libro que más vendió en la temporada pasada fue las “Memorias” de Carmen Bazán. Al preguntar yo (en serio) quién era esa señora, me contestaron que la madre del torero Jesulín de Ubrique. Literalmente se me cayó el alma a los pies. Sería mejor que esa editorial cerrase para demostrar, al menos, nuestra nada y nuestra vergüenza. Lo dijo hace un año Vargas Llosa en su ensayo “La civilización del espectáculo”: “la cultura, en el sentido que tradicionalmente se ha dado a este vocablo, está en nuestros días, a punto de desaparecer.” Todo el mundo (en plena demagogia) se apresura a afirmar que hay que decir lo que se piensa, pero pocos  saben lo que Emilio Lledó nos recuerda, hablando de Epicuro: “debemos (antes) pensar lo que decimos.” Con un pueblo básicamente inculto y que ha dejado de respetar la cultura o de saber para qué sirve –para ser humano-, con un Gobierno que no ayuda y muchas editoriales y empresas comerciales que desdeñan la calidad a favor del dinero, nada puede extrañarnos. El mundo del libro culto pasa dificultades agónicas y hay autores (de alma frívola y baladí) que venderían el espíritu del que carecen, en su ludismo insano, por pegar un pelotazo de ventas con cualquier fruslería.  Como dijeron Ortega y Eliot sólo las minorías cultas pueden crear y defender esa “alta cultura” que no es cerrada, sino abierta, pero a la que se llega por la reflexión y el estudio que nos hace humanistas, más hombres. Octavio Paz decía (hace veinte años) que el ya minoritario mundo de la poesía “vivía en las catacumbas”, hoy hay que decir que toda cultura superior (insisto en salvar las excepciones) vive también en las catacumbas. En un país de 42.000.000 de habitantes, la mayoría de los libros que importan raramente superan la tirada de 5000 ejemplares, que probablemente no se agota.  Muchos tenemos la sensación ( a veces bien constatada) de que grandes empresas culturales –no todas- están en manos de hombres o de mujeres mediocres que han de juzgar por móviles económicos a personas de mucho más nivel que ellos. Y los juzgan y muy a menudo los rechazan. Si yo tuviera que sintetizar en un viejo refrán el penoso estado de la “alta cultura” en la España de hoy, repetiría uno que aprendí de estudiante: “Los sandios hacen los banquetes a los sabios”. Es decir, los que menos valen guían a los que valen más. Escribir mejor, pensar con altura, subir el listón de la excelencia, leer con provecho, parecen ya actos no sólo vacíos (por ignorancia) sino inútiles. Pero si un personaje verbenero de la telebasura saca un libro que se olvida semanas después, se lo corea como a un campeón olímpico y muchos de nuestros mediocres medios de comunicación se vuelcan con el producto y el personajillo. Sigue teniendo razón Lope: “y pues lo paga el vulgo/ es justo hablarle en necio/ para darle gusto.” ¿Latín?, ¿griego? Boberías de pedantes. Oraciones subordinadas, lentitud del pensamiento, novelas con literaturidad o poesía (casi la que sea), bueno, cosas para cuatro raros… Boecio –un hombre forjado en la plenitud de la gran cultura antigua-  a fines del siglo V tiene que servir al rey de los ostrogodos, Teodorico, a quien la “Odisea” o la “Eneida” debían importarle un comino. Termina por encarcelar al docto, que muere el año 524, ejecutado, en medio de un mundo brutal que no entiende y que no le entiende. Por eso Boecio es llamado “ultimus romanorum”, es decir, el último de los romanos.  ¿No hay ya, entre nosotros, algunos redivivos  Boecios?
Aunque no es la primera vez que la cito, lamento no recordar al autor de esta expresión leída y no mía: “Estamos entrando en una Edad Media tecnológica”.  Diría, mejor, que hemos entrado ya. Todo el mundo usa Internet (usamos), se afana en la última generación de móviles con acceso a la red y se deleita en la “play station” y en sus juegos habitualmente violentos, al tiempo que luce tabletas e Ipods con fotos estupendas de brillo que muestran y hacen a la ocasión más tonta. Dice mucho de este mundo: se intenta apresar la banalidad porque (inconscientemente) la mayoría de esa gente –incluso los que se creen preocupados por la injusticia y las desigualdades- viven en la banalidad felizmente instalados.  Pero, atención, todos estos usuarios de  informática de vanguardia, nada o casi nada saben de ella ni tampoco de otras disciplinas. Una inmensa ignorancia (camuflada por noticias de última hora) es el verdadero panorama de un pueblo más dócil que nunca a las tropelías de los gobiernos porque tiene miedo y poca cabeza. Alguien ha definido al hombre actual (lejos del “faber” y del “ludens”) como “homo timens”, esto es, el hombre atemorizado, con miedo. La cultura de verdad ayudaría a superar el miedo y la tibieza, pero como vemos –y son sólo pinceladas- la gran cultura, la que toca la fibra íntima y hace crecer, no sólo está de capa caída sino en trance de muerte.  ¿Seremos los nuevos “últimos romanos”? ¿Somos ya el final de la generación de los libros y de la lectura como instrumentos de placer pero también de pensamiento, de hondura? Filósofos notables como fue el querido Eugenio Trías,  son ahora mismo incomprensibles para la inmensa mayoría, y tiene que ser un talento, como es Fernando Savater,  el que deba rebajarse para hacer divulgación, pura y buena divulgación, que algunos juzgarán “Ser y tiempo”. Me quedo corto. Sólo sé decir que naufragamos. Empieza la Edad Media."





domingo, 20 de octubre de 2013

Latín y Jazz: Catulo, Louis Armstrong y Gonzalo Rojas.




Louis Armstrong en Roma.
(Vía theconstantbuzz.com)
































Un fin de semana es más placentero cuando podemos dedicar tiempo a nuestras aficiones. Un café con los amigos, una tirada de fotos, una buena lectura y que no falte la música.

¿Alguno ha experimentado el placer de combinar los poemas de Catulo y el jazz de Louis Armstrong, por ejemplo?

El  poeta Gonzalo Rojas (gran conocedor del intraexilio como su admirado Ovidio) nos dejó escrito lo que sintió cuando en su casa caribeña leía a Catulo mientras escuchaba al señor Armstrong. De ahí surgió su poema Latín y jazz.


Leo en un mismo aire a mi Catulo y oigo a Louis 
                                    [Armstrong, lo reoigo
en la improvisación del cielo, vuelan los ángeles
en el latín augusto de Roma con las trompetas 

                                    [libérrimas, lentísimas,
en un acorde ya sin tiempo, en un zumbido
de arterias y de pétalos para irme en el torrente con las 

                                    [olas
que salen de esta silla, de esta mesa de tabla, de esta 

                                    [materia
que somos yo y mi cuerpo en el minuto de este azar
en que amarro la ventolera de estas sílabas.

Es el parto, lo abierto de lo sonoro, el resplandor
del movimiento, loco el círculo de los sentidos, 

                                    [lo súbito
de este aroma áspero a sangre de sacrificio: Roma
y África, la opulencia y el látigo, la fascinación
del ocio y el golpe amargo de los remos, el frenesí
y el infortunio de los imperios, vaticinio
o estertor: éste es el jazz,
el éxtasis
antes del derrumbe, Armstrong; éste es el éxtasis,
Catulo mío,

                   ¡Tánatos!


(Gonzalo Rojas, 1916-2011)







Me quedo con ganas de seguir así que añado tres enlaces. En el primero encontraréis la traducción de varios poemas de Catulo; el segundo os llevará hasta la completísima página que la Universidad de Chile dedica a Gonzalo Rojas y el tercero es un estupendo programa de RTVE recordando a Louis Armstrong. 


Carpamus dulcia!


http://www.liceus.com/cgi-bin/ac/pu/catulo.asp


http://www.gonzalorojas.uchile.cl/index.html


http://www.rtve.es/alacarta/audios/jazz-porque-si/jazz-porque-si-louis-armstrong-1955-04-10-13/2045709/



sábado, 19 de octubre de 2013

Ofrendas para una diosa, Atenea.

































A ti, venerada diosa Atenea, que junto a Hermes guías este sobrio y prudente blog, te dedico estas ofrendas para que tu Sabiduría y Protección nos sigan acompañando. 



EPIGRAMA   (LEÓNIDAS)
175 (VI 120)

Epigrama votivo: el suceso curioso de que una cigarra se posara en la lanza de una imagen de Atenea ha hecho posiblemente que alguien haya ofrendado a la diosa aquel animal trabajado en oro con este poema (los atenienses llevaban en sus cabezas adornos de este tipo según Tuc. I, 6). Obsérvese la consabida leyenda de que las cigarras se alimentaban sólo de rocío, recuérdese que Platón (Phaedr. 262 d.) las llama profetas de las Musas; la afinidad con Atenea está en que unas y otras aman la música, ellas porque cantan, la diosa porque inventó la flauta, aunque luego ésta fuera arrojada por ella y recogida por Marsias.


No sé solamente cantar en la copa del árbol
sentada, disfrutando del calor ardoroso
y  del juego sutil del rocío, juglar que deleita
sin salario al viajero que el camino recorre,
mas también de Atenea de casco esplendente en la 
                                                    [lanza
puedes ver la cigarra posada, caminante.
Porque, así como me aman las Musas, también yo 
                                                    [amo a Atenea,
la divina doncella que la flauta inventara.


(Antología Palatina I, Epigramas Helenísticos. Edit. Gredos)




BACH, Conciertos de Brandenburgo.





viernes, 18 de octubre de 2013

Manuel Vázquez Montalbán: El laberinto griego.




© José Ayma























En recuerdo de Manuel Vázquez Montalbán. 



Claire estaba de paso y a medida que avanzaba por una ciudad en destrucción y reconstrucción se sentía como un adolescente a la espera de la muchacha que le ha de hacer infeliz y adulto, esa muchacha que de pronto desaparece y que alguna vez se recupera treinta años después, cuando es demasiado tarde para casi todo. Se escuchó cantar un viejo bolero, envalentonado por la espuma del alcohol que le subía hasta el cerebro. Qué lástima, por qué no me lo dijo / si lo hubiera sabido sería toda de él. Señor Carvalho, si usted me hubiera insinuado algo, yo habría renunciado a mi griego irrepetible y me hubiera ofrecido a usted al final del laberinto, como premio en el recorrido de la búsqueda de la verdad,  ¿sabe usted qué quiere decir alezeia en griego clásico? Si era capaz de hacerse la pregunta aunque la pusiera en labios de Claire, es porque sabía o en algún momento había sabido qué quiere decir alezeia en griego clásico. Al final del laberinto podría encontrar a Claire, una vez resuelto lo de los griegos, porque de lo contrario si alguna vez, dentro de treinta años podía volver a encontrar a Claire, estaba seguro de que no sería en una estación, equivocándose de  despedidas, sino en algún cementerio. Tal vez la vuelva a ver dentro de treinta años cuando ella venga a poner flores a alguna tumba y pase junto a la mía y la retenga un pellizco de la memoria: ¿Carvalho? Pepe Carvalho, ¿de qué me suena? O quizá Carvalho consiguiera vivir treinta años más para encontrarse con Claire en una acera y ella, en su decadente madurez, le ayudaría a cruzar la calle y él, por tratarse de ella, haría una excepción y se dejaría ayudar, en lugar de darle un bastonazo. En cualquier caso la capacidad de ensoñar, imaginar, predecir el final de aquel extraño capricho emocional conducía al género burlesco, pero Carvalho se complacía merodeando en torno de todas las impotencias presentidas. No le había pasado desde hacía muchos años y se sentía más ridículo que culpable del ejercicio de sinceridad de no llamar a Charo para no imponerle la hipocresía de una solicitud que no sentía. Tenía la solicitud monopolizada. Se sentía cruel, legítimamente cruel, como sólo puede sentirse un animal racional enamorado. Y a medida que le crecía el sentimiento era menos ridículo confesárselo y se encontraba diferente, más próximo a sí mismo, cuando los cristales de los escaparates le devolvían la imagen de un hombre que ya sería demasiado viejo en el año dos mil, que jamás había sentido la curiosidad por doblar aquella esquina del tiempo. Cuando era adolescente y estaba lejos del objeto de su deseo, acostumbraba a descender las Ramblas en la creencia de que ella le esperaría en el puerto. Jamás se había verificado aquella presunción, pero Carvalho había sido fiel al impulso cada vez que posteriormente se había sumergido en la agridulce imbecilidad del amor. Cuando se descubrió a sí mismo Ramblas abajo, siguiendo el rastro del adolescente que había sido, consiguió controlarse y desviar los pasos para meterse en Can Boadas, en busca de un primer martini de tiento, y si no le gustaba el primer martini, pediría el cóctel del día. Un martini es como una pieza de cerámica o como un guiso artesano, nunca sale a la perfección y siempre te deja con las ganas del martini ideal. El primero que le dieron estaba lo suficientemente bien como para tomar un segundo y así llegó el tercero. Los martinis le alcoholizaban la psicología más que la sangre y hacían de él una persona casi simpática, lo suficiente como para entablar conversación con un tipo bajito que bebía una bebida larga con mucho hielo en el vaso y mucha melancolía en los ojos.

 ¿Alcohólico anónimo? 

– No, diputado en el Parlamento de Cataluña.


(Manuel Vázquez Montalbán, El laberinto griego)


miércoles, 16 de octubre de 2013

Vivir con Horacio



Los que de vez en cuando os subís a esta nave de Mercurio ya sabéis de mi particular inclinación por Horacio. Por eso ahora voy a transcribir el estupendo artículo Vivir con Horacio publicado hoy por Luis Antonio de Villena, escritor al que leo con frecuencia y con el que coincido en su afirmación de que Quinto Horacio Flaco fue el clasicismo por definición. 


Decadencias

Vivir con Horacio 

Hoy, con las humanidades tan decaídas (sobre todo en nuestra España) y cuando tan poca gente se interesa por el griego o el latín, el hecho de saber cómo acercarse a los grandes clásicos, los que por antonomasia lo son -Homero, Virgilio, Safo, Catulo u Horacio- es un problema y un mérito su resolución. No creo, desde luego, que exista una única forma, pero una de las posibles es la que nos ofrece el inglés Harry Eyres en el libro que edita Ariel, “Carpe diem. Lecciones de vida con Horacio”. Como debiera ser bien sabido, Quinto Horacio Flaco, natural de Venosa en el sur de Italia, fue el clasicismo por definición con sus exquisitas odas, epístolas o epodos. Lo protegió el gran Mecenas  (era hijo de un esclavo liberto) y pasó  así –más era casi imposible- al círculo y cercanía de Augusto, el primer  gran emperador de Roma. Sin embargo Horacio, que había estudiado en Atenas, y tomado humilde parte en la batalla de Filipos con los republicanos, es decir, contra su futuro señor, prefería la “aurea mediocritas”, una vida cómoda en el campo sin lujos ni privaciones, gozando de la hora y de cuanto sea posible según el “dictum” que acuñó en la oda a Leuconoe: “Carpe diem”. Es decir, aprovecha bien el día de hoy, porque del mañana nada sabemos. Conocemos que Horacio era buen seguidor del sabio Epicuro, que deseaba una vida apacible, el desdén de las vulgares vanaglorias y un uso moderado de los placeres. Alguien se ha referido así a “la aritmética de los placeres” epicúrea, tan mal entendida  por la Iglesia. Naturalmente Horacio (bajito, rechoncho, canoso, pese a la impoluta belleza de sus versos) era un epicúreo de lo cotidiano, y aunque sabemos que admiraba el gran poema de Lucrecio “De rerum natura”, donde pone en verso  las teorías del maestro, incluidas las físicas y astrales, no era ese el sendero horaciano en su finca Sabina, donde preparaba su propio vino.
“Carpe diem” de Harry Eyres podría haber sido un moderno manual de autoayuda para mantener el ánimo ecuánime y disfrutar de la vida, basado en la continua cercanía a la poesía de Horacio. Y estaría bien, pero no es eso. Estamos ante una mezcla de ensayo sobre la belleza y cercanía de Horacio para el hombre de hoy (que va en avión y puede usar libros electrónicos) y de una  cierta autobiografía. Pues Eyres –hijo de un cultivador de vinos- relata cómo conoció a Horacio en sus tempranos estudios en Eton y cómo –aunque estudió literatura inglesa y no clásicas- se fue encontrando con los saberes y la belleza de Horacio por todas partes, pues lo relee frecuentemente. Viaja al sur de Italia, para ver lo que queda de la improbable casa horaciana, pero sobre todo traduce sus versos de un modo nada académico y nota que las ideas de Horacio coinciden con sus intereses: alejarse de la multitud y de los negocios que quitan el sueño, vivir lento  y con lo que basta o  disfrutar del presente real porque el tiempo huye incesante… La fuente Bandusia sigue manando en bellos versos. Horacio es  muy moderno.



Cervantes poeta: Canto de Calíope.




 Calliope . 1869. Giuseppe Fagnani 
(Vía Books and Art, Tumblr)
































Todos conocemos a don Miguel de Cervantes como el célebre autor de la novela El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Este reconocimiento como prosista ha eclipsado al Cervantes poeta aunque su obra en verso es bastante extensa. Incluso entre las gentes de su tiempo parece que no suscitaba demasiado entusiasmo como él mismo reconocía en un terceto de Viaje al Parnaso si bien en sus palabras percibimos cierto tono irónico.


                    Yo, que siempre trabajo y me desvelo
                    por parecer que tengo de poeta
                    la gracia que no quiso darme el cielo.


La preceptiva poética de Cervantes era la propia de su época. En el capítulo XVI de la segunda parte de Don Quijote se plantea el problema familiar de un hidalgo cuyo hijo negándose a estudiar leyes se decide por la poesía, ante esta situación Cervantes responde a través del hidalgo y nos da su visión del para qué sirve la poesía. Afirma que si bien es menos útil que deleitable (referencia directa a Horacio) sin embargo es conveniente dejar que el muchacho siga sus inclinaciones personales, negar a alguien su afición no es lo más conveniente. Además observamos una concepción un tanto elitista de la lírica cuando determina que no es de agrado que el vulgo toque la poesía y por vulgo no solo se refiere a la plebe sino a príncipes y todos los que no la saben apreciar ni entender. Menciona también el carácter inmanente, innato de la poesía que tanto recuerda a la concepción poética de los posteriores románticos. La poesía en función de la moralidad (si es buena es decorosa y honorable).

En la producción poética cervantina destacan dos poemas mayores, el Canto de Calíope incluido en La Galatea y el Viaje al Parnaso (veinte años distan entre una composición y otra).

La Galatea es una novela de tipo pastoril cuyo eje central son los amores de dos pastores, Elicio y Galatea, al que se yuxtapone otras historias amorosas ya secundarias. Pues bien en La Galatea aparece Calíope para decirnos quién es y en qué consiste su oficio. Momento en el que Cervantes entona un canto a la musa donde evoca los poetas más destacados de su época.

(Recordemos que Zeus y Mnemosine tuvieron nueve hijas, las nueve musas, a saber: Calíope, Clío, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Talía, Terpsícore y Urania, bajo cuyo amparo se cobijan las Artes).


… Porque no quiero teneros colgados del deseo de saber quién yo sea, sabed, discretos pastores y bellas pastoras  que yo soy una de las nueve doncellas que en las altas y sagradas cumbres del Parnaso tienen su prospria y conoscida morada.  Mi nombre es Calíope; mi oficio y condición es favorescer y ayudar a los divinos espíritus, cuyo loable ejercicio es ocuparse en la maravillosa y jamás como debe alabada sciencia de la poesía. Yo soy la que hice cobrar eterna fama al antiguo ciego natural de Esmirna, por él solamente famosa; la que hará vivir el mantuano Títiro por todos los siglos venideros, hasta que el tiempo se acabe; y la que hace que se tengan en cuenta, desde la pasada hasta la edad presente, los es criptos tan ásperos como discretos del antiquísimo Enio. En fin, soy quien favoresció a Catulo, la que nombró a Horacio, eternizó a Propercio, y soy la que con inmortal fama tiene conservada la memoria del conoscido Petrarca, y la que hizo bajar a los escuros infiernos y subir a los claros cielos al famoso Dante. Soy la que ayudó a tejer al divino Ariosto la variada y hermosa tela que compuso; la que en esta patria vuestra tuvo familiar amistad con el agudo Boscán y con el famoso Garcilaso, con el docto y sabio Castillejo y el artificioso Torres Naharro, con cuyos ingenios, y con los frutos dellos, quedó vuestra patria enriquescida y yo satisfecha. Yo soy la que moví la pluma del celebrado Aldana, y la que no dejó jamás el lado de don Fernando de Acuña, y la que me precio de la estrecha amistad y conversación que siempre tuve con la bendita alma del cuerpo que en esta sepultura yace, cuyas obsequias, por vosotros celebradas, no sólo han alegrado su espíritu, que ya por la región eterna se pasea, sino que a mí me han satisfecho de suerte que, forzada, he venido a agradeceros tan loable y piadosa costumbre como es la que entre vosotros se usa; y así, os prometo, con las veras que de mi virtud pueden esperarse, que en pago del beneficio que a las cenizas de nú querido y amado Meliso habéis hecho, de hacer siempre que en vuestras riberas jamás falten pastores que en la alegre sciencia de la poesía a todos los de las otras riberas se aventajen; favoresceré ansimesmo siempre vuestros consejos, y guiaré vuestros entendimientos, de manera que nunca deis torcido voto cuando decretéis quién es merescedor de enterrarse en este sagrado valle; porque no será bien que, de honra tan particular y señalada, y que sólo es merescida de los blancos y canoros cisnes, la vengan a gozar los negros y roncos cuervos.. Y así, me parece que será bien datos alguna noticia agora de algunos señalados varones que en esta vuestra España viven, y algunos en las apartadas Indias a ella subjetas; los cuales, si todos o alguno dellos su buena ventura le trujere a acabar el curso de sus días en estas riberas, sin duda alguna le podéis conceder sepultura en este famoso sitio. Junto con esto, os quiero advertir que no entendáis que los primeros que nombrare son dignos de más honra que los postreros, porque en esto no pienso guardar orden alguna: que, puesto que yo alcanzo la diferencia que el uno al otro y los otros a los otros hacen, quiero dejar esta declaración en duda, porque vuestros ingenios en entender la diferencia de los suyos tengan en qué ejercitarse, de los cuales darán testimonio sus obras. Irélos nombrando como se me vinieren a la memoria, sin que ninguno se atribuya a que ha sido favor que yo le he hecho en haberme acordado dél primero que de otro; porque, como digo, a vosotros, discretos pastores, dejo que después les deis el lugar que os paresciere que de justicia se les debe. Y, para que con menos pesadumbre y trabajo a mi larga relación estéis atentos, haréla de suerte que sólo sintáis disgusto por la brevedad della.
Calló diciendo esto la bella ninfa, y luego tomó una arpa que junto a sí tenía, que hasta entonces de ninguno había sido vista; y, en comenzándola a tocar, parece que comenzó a esclarecerse el cielo, y que la luna, con nuevo y no usado resplandor, alumbraba la tierra; los árboles, a despecho de un blando céfiro que soplaba, tuvieron quedas las ramas; y los ojos de todos los que allí estaban no se atrevían a abajar los párpados, porque aquel breve punto que se tardaban en alzarlos, no se privasen de la gloria que en mirar la hermosura de la ninfa gozaban; y aun quisieran todos que todos sus cinco sentidos se convirtieran en el del oír solamente: con tal estrañeza, con tal dulzura, con tanta suavidad tocaba la arpa la bella musa; la cual, después de haber tañido un poco, con la más sonora voz que imaginarse puede, en semejantes versos dio principio:


CANTO DE CALÍOPE 


 Al dulce son de mi templada lira,
prestad, pastores, el oído atento:
oiréis cómo en mi voz y en él respira
de mis hermanas el sagrado aliento.
Veréis cómo os suspende, y os admira,
y colma vuestras almas de contento,
cuando os dé relación, aquí en el suelo,
de los ingenios que ya son del cielo. 
 Pienso cantar de aquellos solamente
a quien la Parca el hilo aún no ha cortado,
de aquéllos que son dignos justamente
d'en tal lugar tenerle señalado,
donde, a pesar del tiempo diligente,
por el laudable oficio acostumbrado
vuestro, vivan mil siglos sus renombres,
sus claras obras, sus famosos nombres.

 Y el que con justo título meresce
gozar de alta y honrosa preeminencia,
un don ALONSO es, en quien floresce
del sacro Apolo la divina sciencia;
y en quien con alta lumbre resplandece
de Marte el brío y sin igual potencia,
DE LEIVA tiene el sobrenombre ilustre,
que a Italia ha dado, y aun a España, lustre.

 Otro del mesmo nombre, que de Arauco
cantó las guerras y el valor de España,
el cual los reinos donde habita Glauco
pasó y sintió la embravescida saña.
No fue su voz, no fue su acento rauco,
que uno y otro fue de gracia estraña,
y tal, que ERCIL[L]A, en este hermoso asiento
meresce eterno y sacro monumento.

 Del famoso don JUAN DE SILVA os digo
que toda gloria y todo honor meresce,
así por serle Febo tan amigo,
como por el valor que en él floresce.
Serán desto sus obras buen testigo,
en las cuales su ingenio resplandece
con claridad que al ignorante alumbra
y al sabio agudo a veces le deslumbra ……
……………………....................


Enlaces:

LA GALATEA
MIGUEL DE CERVANTES





martes, 15 de octubre de 2013

Garcilaso de la Vega: Escrito está en mi alma vuestro gesto.




George Sheridan Knowles, The Duet, c. 1915




SONETO V

          Escrito está en mi alma vuestro gesto,
          y cuanto yo escrebir de vos deseo:
          vos sola lo escrebistes, yo lo leo
          tan solo, que aun de vos me aguardo en esto.

          En esto estoy y estaré siempre puesto,
          que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
          de tanto bien lo que no entiendo creo,
          tomando ya la fe por presupuesto.

          Yo no nací sino para quereros;
          mi alma os ha cortado a su medida;
          por hábito del alma misma os quiero.

          Cuanto tengo confieso yo deberos;
          por vos nací, por vos tengo la vida,
          por vos he de morir y por vos muero.




Amor de mi Alma por  Z. Randall Stroope, inspirado en este hermoso poema de Garcilaso. Gracias, Luisa D. Camacho, por compartirlo con nosotros.







lunes, 14 de octubre de 2013

Ante el espejo




© Amelia G. Suárez




Una fotografía como una mirada en el espejo nos devuelve una imagen, pero ese rostro ¿acaso es una visión onírica, tal vez Narciso contemplándose en el agua o la necesidad de comprobar que de verdad existimos?

¿A quién vemos tras el speculum?

¿Farsa o realidad? Soy yo y también otra; miro y me mira. El eco de los que me precedieron como un día yo también seré el espejo de los que me siguen. Una imagen a veces distorsionada, una trampa, una ilusión siempre vencida por el espacio y el tiempo, invulnerable inquisidor.



               EL INQUISIDOR (ante el espejo)

             No sé qué miro en este
             fijo rostro de vidrio,
             pálido entre las luces
             finales, y aún despierto.
             ¿O es mi sueño en lo oscuro?
             Superficie de agua,
             cristal que no transcurre,
             como un ojo que ha muerto
             mas devuelve una imagen.
             Rostro vítreo, sin meta,
             una copia de engaños,
             alma, espejo o mi nombre
             sobre unos labios mudos.

(Vicente Aleixandre, Diálogos del conocimiento)



De los múltiples y sombríos espejos de la vida siempre me libera la música. 




viernes, 11 de octubre de 2013

Versos jocosos y humorísticos del siglo XIX: Francisco Martínez de la Rosa y Miguel Agustín Príncipe.




Francisco Martínez de la Rosa por el grabador José Gómez
(Museo Zumalakarregi  - Vía álbuSIGLO XIX)




Se nota que es viernes porque vaya tarde la de hoy. De risa en risa leyendo un estupendo libro de poesías jocosas y humorísticas del siglo XIX. No tiene desperdicio, es un auténtico regalo lleno de epigramas, parodias, letrillas, fábulas… 

Otra forma de poesía a la que algunos llaman “menor”, desde luego muy diferente a la imagen romántica y melancólica que generalmente suelen transmitir los poetas decimonónicos.

Entre las joyas presentes en la antología están los epitafios burlescos de Francisco Martínez de la Rosa (Granada, 1787-Madrid, 1862), un más que digno heredero de esta vertiente literaria que tan presente se halla en los clásicos grecolatinos y los españoles del Siglo de Oro. 



El cementerio de Momo


Yace aquí un mal matrimonio,
dos cuñadas, suegro y yerno…
No falta sino el demonio
para estar junto el infierno.


¿Ya hay pleito sobre el sepulcro,
y aun no está el hombre enterrado?
¡Este sí que era letrado!


Yace aquí Blas… y se alegra
por no vivir con su consuegra.


¡Cuñados en paz y juntos!
No hay duda que están difuntos.


Aquí yace una viuda
que murió de pena aguda
apenas hubo perdido
a su séptimo marido.


Aquí yace una soltera,
rica, hermosa, forastera,
que sordo-muda nació
¡Si la hubiera hallado yo!



Sub Hoc túmulo… adelante
que éste será algún pedante.


Aquí enterraron de balde,
por no hallarle una peseta…
No sigas: era poeta.


Aquí yace un egoísta
que no hizo mal ni hizo bien.
Requiescat in pacem, Amén.


Aquí Fray Diego reposa
y jamás hizo otra cosa.



Espero que os haya gustado esta breve selección de los versos burlescos de Martínez de la Rosa. Volveremos sobre este libro porque quedan otros autores y mucho humor en ellos. Pero no me resisto a terminar esta entrada sin dejar una fábula de Miguel Agustín Príncipe (1811-1863), la titulada 
El lavatorio del cerdo.


En agua de Colonia
bañaba a su marrano doña Antonia
con empeño ya tal, que daba en terco;
pero a pesar de afán tan obstinado,
no consiguió jamás verle aseado,
y el marrano en cuestión fue siempre puerco.

Es luchar contra el sino
con que vienen al mundo ciertas gentes
querer hacerlas pulcras y decentes:
El que nace lechón, muere cochino.